Es una “manipulación intencional”, dijo Jacobo Zabludovsky en su programa
El término “alianzas” se suprimió del video de cinco minutos que el gobierno federal transmitió la noche del martes en los principales canales de televisión abierta, para promover la reforma energética que girará en torno a la apertura de Petróleos Mexicanos (Pemex) al capital privado en áreas estratégicas. Esto no ocurre en un video que el portal de YouTube difunde y que puede consultarse en todo el mundo.
Así, en el sonido del video que aparece en YouTube puede escucharse: “Afortunadamente, como lo han hecho otros países del mundo, México puede establecer alianzas con quienes ya cuentan con la tecnología y la experiencia para explotar yacimientos en aguas profundas. Podemos aprovechar ese conocimiento para sacar el petróleo que es nuestro”.
En cambio, en el promocional que Pemex patrocinó en los canales de televisión abierta, la cita quedó así: “Afortunadamente, como lo han hecho otros países del mundo, México puede aprovechar la tecnología y la experiencia de quienes ya extraen el petróleo en aguas profundas. Podemos aprovechar ese conocimiento para sacar el petróleo que es nuestro”.
En su programa De una a tres, Jacobo Zabludovsky ofreció a sus radioescuchas ambas versiones y calificó el asunto de “manipulación intencional”. Invitó al director de Pemex, Jesús Reyes Heroles, a acudir a su programa para que explique “por qué se suprimió la palabra alianzas”.
El mismo Zabludovsky informó que se había comunicado la vocera de Reyes Heroles, Marta Avelar, para informarle que el funcionario estaba dispuesto a ser entrevistado sobre la reforma energética, siempre y cuando no se aludiera el asunto de los dos videos.
El periodista se refirió a “la profesional edición” que se hizo del video que pueden ver los mexicanos. Tan profesional, dijo, que “ni la música de fondo afectó”. Después leyó el significado de “alianza”: acción de aliarse, reunión de cosas o personas que se unen para cierta cosa ayudándose recíprocamente.
Y remata: “En los videos la diferencia no sólo radica en la palabra alianzas, sino que en el de YouTube este término está ilustrado con un apretón de manos, un apretón de cuates, de socios que hacen alianza”.
3.06.2008
El espot sobre Pemex confirma que decidieron la privatización
Calderón miente al pueblo con apoyo de la tv, afirma Bartlett
La campaña publicitaria que lanzó ayer el gobierno federal en radio y televisión “es una prueba clarísima de que (Felipe) Calderón está decidido a todo para privatizar Pemex, incluso a mentir y engañar al pueblo de México, con espots llenos de falsedades”, afirmó el priísta Manuel Bartlett Díaz.
El ex senador por el PRI, que logró frenar en la pasada legislatura el intento del entonces presidente Vicente Fox de abrir Petróleos Mexicanos (Pemex) al capital extranjero, dijo que al igual que en el sexenio pasado, los panistas y sus aliados tratan a toda costa de ocultar que se trata de una privatización, sólo que ahora Calderón “ya lanzó la ofensiva mediática en favor de intereses trasnacionales”.
Señaló que primero negaron la autoría del espot y al final le hicieron cambios para que apareciera sin la palabra alianzas, “aunque de todas formas lo que ahí se propone es entregar el petróleo que existe en el Golfo de México a trasnacionales de Estados Unidos y algunas españolas”, recalcó.
El anuncio de Calderón: “tesoro petrolero”, parte de “una gran mentira”, al basar su argumentación en que la única opción para obtener mayores volúmenes de hidrocarburos es mediante la explotación en aguas profundas del Golfo de México.
La gran mentira
“Digo que es una gran mentira, porque los únicos urgidos en meterse a explorar en la zona del Golfo de México son las trasnacionales que ya secaron la región del Mar del Norte y no quieren quedarse con su maquinaria parada y la trasladan adonde hay yacimientos”, manifestó Bartlett.
Conocedor del tema, destacó que México no tiene por qué ir a la explotación en aguas profundas, ya que hay yacimientos en tierra y en aguas someras, de donde pueden salir las reservas que hace falta reponer; pero la decisión es permitir que las trasnacionales se apoderen de la zona del Golfo de México.
Bartlett analizó el anuncio y señaló que se engaña conscientemente a la opinión pública, con el apoyo de las televisoras, ya que en él se asegura que el mayor potencial de petróleo está en aguas profundas, que es “el tesoro” y hay que ir por él.
“Es sólo una hipótesis que no se sustenta en ninguna cifra o dato técnico. Lo único real es la intención de beneficiar a las corporaciones extranjeras. Baste recordar que la secretaria de Energía, Georgina Kessel, está hablando de perforar cientos de pozos en el Golfo, lo que significa miles de millones de dólares que se llevarán las trasnacionales. ¡Sólo por la infraestructura se llevarán una ganancia enorme, antes de tocar el petróleo!”
Eso es lo que significa que Pemex “contrate la mejor tecnología”, como se asegura en el mensaje, agregó. Dijo que otra mentira propalada por los impulsores de la privatización es que Estados Unidos puede quedarse con el petróleo mexicano de la zona del Golfo mediante el efecto “popote”.
En lugar de que la señora Kessel “nos ande asustando con el petate del muerto, si realmente cree que Estados Unidos se robará nuestro petróleo, que tome las medidas pertinentes, que se ponga activa y pida a la cancillería que, con base en el tratado signado con el vecino del norte, se llegue a un acuerdo para la explotación de los yacimientos transfronterizos”.
Bartlett dijo que debe haber una protesta del Congreso, un llamado de atención al gobierno federal, ya que sin haber presentado una iniciativa de ley comenzaron la campaña mediática para justificar la privatización de Pemex.
Sin embargo, sostuvo, quizá no habrá nada, porque muchos en el Congreso, incluidos priístas, están de acuerdo con la reforma y con el engaño a los mexicanos, mediante el contubernio con las televisoras”.
La campaña publicitaria que lanzó ayer el gobierno federal en radio y televisión “es una prueba clarísima de que (Felipe) Calderón está decidido a todo para privatizar Pemex, incluso a mentir y engañar al pueblo de México, con espots llenos de falsedades”, afirmó el priísta Manuel Bartlett Díaz.
El ex senador por el PRI, que logró frenar en la pasada legislatura el intento del entonces presidente Vicente Fox de abrir Petróleos Mexicanos (Pemex) al capital extranjero, dijo que al igual que en el sexenio pasado, los panistas y sus aliados tratan a toda costa de ocultar que se trata de una privatización, sólo que ahora Calderón “ya lanzó la ofensiva mediática en favor de intereses trasnacionales”.
Señaló que primero negaron la autoría del espot y al final le hicieron cambios para que apareciera sin la palabra alianzas, “aunque de todas formas lo que ahí se propone es entregar el petróleo que existe en el Golfo de México a trasnacionales de Estados Unidos y algunas españolas”, recalcó.
El anuncio de Calderón: “tesoro petrolero”, parte de “una gran mentira”, al basar su argumentación en que la única opción para obtener mayores volúmenes de hidrocarburos es mediante la explotación en aguas profundas del Golfo de México.
La gran mentira
“Digo que es una gran mentira, porque los únicos urgidos en meterse a explorar en la zona del Golfo de México son las trasnacionales que ya secaron la región del Mar del Norte y no quieren quedarse con su maquinaria parada y la trasladan adonde hay yacimientos”, manifestó Bartlett.
Conocedor del tema, destacó que México no tiene por qué ir a la explotación en aguas profundas, ya que hay yacimientos en tierra y en aguas someras, de donde pueden salir las reservas que hace falta reponer; pero la decisión es permitir que las trasnacionales se apoderen de la zona del Golfo de México.
Bartlett analizó el anuncio y señaló que se engaña conscientemente a la opinión pública, con el apoyo de las televisoras, ya que en él se asegura que el mayor potencial de petróleo está en aguas profundas, que es “el tesoro” y hay que ir por él.
“Es sólo una hipótesis que no se sustenta en ninguna cifra o dato técnico. Lo único real es la intención de beneficiar a las corporaciones extranjeras. Baste recordar que la secretaria de Energía, Georgina Kessel, está hablando de perforar cientos de pozos en el Golfo, lo que significa miles de millones de dólares que se llevarán las trasnacionales. ¡Sólo por la infraestructura se llevarán una ganancia enorme, antes de tocar el petróleo!”
Eso es lo que significa que Pemex “contrate la mejor tecnología”, como se asegura en el mensaje, agregó. Dijo que otra mentira propalada por los impulsores de la privatización es que Estados Unidos puede quedarse con el petróleo mexicano de la zona del Golfo mediante el efecto “popote”.
En lugar de que la señora Kessel “nos ande asustando con el petate del muerto, si realmente cree que Estados Unidos se robará nuestro petróleo, que tome las medidas pertinentes, que se ponga activa y pida a la cancillería que, con base en el tratado signado con el vecino del norte, se llegue a un acuerdo para la explotación de los yacimientos transfronterizos”.
Bartlett dijo que debe haber una protesta del Congreso, un llamado de atención al gobierno federal, ya que sin haber presentado una iniciativa de ley comenzaron la campaña mediática para justificar la privatización de Pemex.
Sin embargo, sostuvo, quizá no habrá nada, porque muchos en el Congreso, incluidos priístas, están de acuerdo con la reforma y con el engaño a los mexicanos, mediante el contubernio con las televisoras”.
3.04.2008
¡Asiste a la Acción de Resitencia Civil Pacífica el domingo 9 de marzo, a las 10:00 hrs., en la Fuente de Petróleos.
Lleva Banderas Nacionales Mexicanas y un bote grande de plástico con un palo para poder tocarlo y ser parte de un acto de Resistencia Creativa!
¡No a la privatización de Pemex!
¡No a la privatización de Pemex!
3.01.2008
El Estado y la industria petrolera
Ifigenia Martínez
1 de marzo de 2008
La Constitución establece la facultad exclusiva del Estado en la explotación e industrialización de los hidrocarburos y de todas las fuentes energéticas provenientes del subsuelo y las considera “área estratégica”. El artículo 25 le otorga al Estado la rectoría del desarrollo nacional, y al gobierno federal la “propiedad y control” sobre los organismos que en su caso se establezcan. La creciente importancia del petróleo nos obliga a aclarar y precisar los alcances de la política energética por tratarse de un recurso no renovable.
Hasta 1938 el petróleo estuvo en manos de compañías extranjeras que no aceptaron ninguna reglamentación del Estado. La producción de alrededor de 130 mil barriles diarios se destinaba casi toda al mercado mundial y menos de 10% al consumo nacional, lo cual revelaba el atraso industrial del país. La expropiación realizada por el presidente Lázaro Cárdenas puso el petróleo al servicio de la nación para poder construir un proyecto propio de desarrollo que incluyera a la agricultura, a la industria y también al sistema de banca y crédito.
Hasta 1976 la producción de crudo se había elevado a cerca de 900 mil barriles diarios, de los cuales se exportaba 13% mientras el resto, 783 mil barriles, se industrializaba en el país con refinerías propias y un fuerte impulso a la petroquímica.
A partir de 1977 Pemex se convirtió en fuerte exportador de crudo para aprovechar los altos precios del mercado internacional ocurridos a principios de la década auspiciados por los países árabes. Gracias a sus cuerpos técnicos y a su planta laboral, el país alcanzó una plataforma de exportación de un millón y medio de barriles diarios que, con un consumo interno del mismo volumen, llegó a una producción de 3 millones de barriles diarios que con ligeras variantes mantiene hasta la fecha.
Recuérdese que Carlos Salinas adoptó el proyecto neoliberal de reducir el Estado y privilegiar el mercado; siguió las políticas del Consenso de Washington; suscribió el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y aseguró el uso fiscal de la renta petrolera fraccionando a Pemex en cuatro organismos subsidiarios, con objeto de concentrar su operación en la exploración y producción de crudo y de suspender los proyectos industriales destinados a satisfacer las crecientes necesidades de refinados y petroquímicos del mercado interno. Los objetivos de toda la política económica cambiaron en aras de la “estabilidad” de precios y del tipo de cambio, confiando en la inversión privada y en una globalización que desmanteló las instituciones públicas de fomento agrícola e industrial y consintió la extranjerización del sector financiero de la banca y el crédito.
La apertura de la economía, sin un proyecto nacional de desarrollo y sin instituciones de Estado, resultó en una caída permanente de la tasa de crecimiento y del empleo; en un empeoramiento de la distribución del ingreso (con un aparatoso enriquecimiento de algunos empresarios y funcionarios) y en un preocupante aumento de la emigración.
Conviene tener presente que los ingresos de Pemex, que exceden con mucho a sus gastos de operación, provienen no sólo de la exportación sino también de sus ventas internas. Y también que la Secretaría de Hacienda ha estado utilizando la renta de un recurso no renovable, propiedad de la nación, para financiar los gastos corrientes del gobierno federal en lugar de llevar a cabo una verdadera reforma fiscal. De esta manera aparenta tener un equilibrio presupuestal cuando en realidad carga con un fuerte déficit.
En tanto, el país importa 40% de las gasolinas y no se ha ampliado la capacidad de refinación, el gobierno alega que aun siendo prioritario este proceso Pemex carece de capacidad de ejecución. Se olvida que la institución ha sido desmantelada, como lo denuncian múltiples expertos. El manejo de Pemex ha sido tal que hace aparecer como antieconómica la industrialización de nuestras materias primas de alto precio en el mercado internacional y ahora se pretende obligarnos a continuar por el camino, ya desechado por la teoría del desarrollo, de permanecer en la periferia como exportadores de materias primas e importadores de productos industrializados.
Y con esos antecedentes el actual gobierno pretende llevar a cabo una reforma energética para “modernizar” Pemex e ¡incursionar en aguas profundas con el concurso del capital extranjero! ¡No pasarán!
Presidenta del Consejo Consultivo del Frente Amplio Progresista
1 de marzo de 2008
La Constitución establece la facultad exclusiva del Estado en la explotación e industrialización de los hidrocarburos y de todas las fuentes energéticas provenientes del subsuelo y las considera “área estratégica”. El artículo 25 le otorga al Estado la rectoría del desarrollo nacional, y al gobierno federal la “propiedad y control” sobre los organismos que en su caso se establezcan. La creciente importancia del petróleo nos obliga a aclarar y precisar los alcances de la política energética por tratarse de un recurso no renovable.
Hasta 1938 el petróleo estuvo en manos de compañías extranjeras que no aceptaron ninguna reglamentación del Estado. La producción de alrededor de 130 mil barriles diarios se destinaba casi toda al mercado mundial y menos de 10% al consumo nacional, lo cual revelaba el atraso industrial del país. La expropiación realizada por el presidente Lázaro Cárdenas puso el petróleo al servicio de la nación para poder construir un proyecto propio de desarrollo que incluyera a la agricultura, a la industria y también al sistema de banca y crédito.
Hasta 1976 la producción de crudo se había elevado a cerca de 900 mil barriles diarios, de los cuales se exportaba 13% mientras el resto, 783 mil barriles, se industrializaba en el país con refinerías propias y un fuerte impulso a la petroquímica.
A partir de 1977 Pemex se convirtió en fuerte exportador de crudo para aprovechar los altos precios del mercado internacional ocurridos a principios de la década auspiciados por los países árabes. Gracias a sus cuerpos técnicos y a su planta laboral, el país alcanzó una plataforma de exportación de un millón y medio de barriles diarios que, con un consumo interno del mismo volumen, llegó a una producción de 3 millones de barriles diarios que con ligeras variantes mantiene hasta la fecha.
Recuérdese que Carlos Salinas adoptó el proyecto neoliberal de reducir el Estado y privilegiar el mercado; siguió las políticas del Consenso de Washington; suscribió el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y aseguró el uso fiscal de la renta petrolera fraccionando a Pemex en cuatro organismos subsidiarios, con objeto de concentrar su operación en la exploración y producción de crudo y de suspender los proyectos industriales destinados a satisfacer las crecientes necesidades de refinados y petroquímicos del mercado interno. Los objetivos de toda la política económica cambiaron en aras de la “estabilidad” de precios y del tipo de cambio, confiando en la inversión privada y en una globalización que desmanteló las instituciones públicas de fomento agrícola e industrial y consintió la extranjerización del sector financiero de la banca y el crédito.
La apertura de la economía, sin un proyecto nacional de desarrollo y sin instituciones de Estado, resultó en una caída permanente de la tasa de crecimiento y del empleo; en un empeoramiento de la distribución del ingreso (con un aparatoso enriquecimiento de algunos empresarios y funcionarios) y en un preocupante aumento de la emigración.
Conviene tener presente que los ingresos de Pemex, que exceden con mucho a sus gastos de operación, provienen no sólo de la exportación sino también de sus ventas internas. Y también que la Secretaría de Hacienda ha estado utilizando la renta de un recurso no renovable, propiedad de la nación, para financiar los gastos corrientes del gobierno federal en lugar de llevar a cabo una verdadera reforma fiscal. De esta manera aparenta tener un equilibrio presupuestal cuando en realidad carga con un fuerte déficit.
En tanto, el país importa 40% de las gasolinas y no se ha ampliado la capacidad de refinación, el gobierno alega que aun siendo prioritario este proceso Pemex carece de capacidad de ejecución. Se olvida que la institución ha sido desmantelada, como lo denuncian múltiples expertos. El manejo de Pemex ha sido tal que hace aparecer como antieconómica la industrialización de nuestras materias primas de alto precio en el mercado internacional y ahora se pretende obligarnos a continuar por el camino, ya desechado por la teoría del desarrollo, de permanecer en la periferia como exportadores de materias primas e importadores de productos industrializados.
Y con esos antecedentes el actual gobierno pretende llevar a cabo una reforma energética para “modernizar” Pemex e ¡incursionar en aguas profundas con el concurso del capital extranjero! ¡No pasarán!
Presidenta del Consejo Consultivo del Frente Amplio Progresista
Desfiladero
Jaime Avilés
Felipe Calderón ha iniciado de la peor manera posible su campaña hacia la privatización de la industria petrolera. La semana pasada, militantes de la resistencia civil pacífica obtuvieron, y colgaron en el portal de YouTube, un video de cinco minutos, hecho en Los Pinos, que pretende convencer al respetable público de que Pemex debe “asociarse” con empresas privadas extranjeras para explotar los ricos yacimientos de crudo que hay en el Golfo de México a 3 mil metros de profundidad.
En su entrega del sábado anterior, Desfiladero invitó a sus lectores a gozar de ese interesante material propagandístico. Hasta anoche unas 5 mil personas lo habían visto, después de teclear las palabras “spot Pemex”, en el buscador de YouTube. Y casi todos los comentarios que los espectadores han dejado en el foro adyacente rechazan la tesis oficial de que México no puede obtener la tecnología indispensable para extraer ese petróleo sin compartir las ganancias con intereses privados, como repite hasta el cansancio la voz del locutor.
Al día siguiente, domingo, en un mitin frente a la torre de Pemex, Andrés Manuel López Obrador puso en manos del diputado Javier González Garza un paquete de expedientes que documentan irrefutablemente las actividades ilícitas que el ahora secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, efectuó entre los años 2000 y 2003, primero como diputado federal panista y presidente de la Comisión de Energía –cuando Calderón coordinaba la fracción parlamentaria de AN– y luego como subsecretario de Energía, cuando el michoacano era titular de la dependencia.
Aprovechando sus cargos públicos, Mouriño firmó contratos con Pemex por más de 26 millones de pesos, para que su empresa, Transportes Especializados Ivancar, trasladara productos derivados del petróleo sobre las rutas Irapuato-Guadalajara, Rosarito-Mexicali, Ciudad Madero-San Luis Potosí y Gómez Palacio-Parral.
“Mouriño pudo firmar los tres contratos con Pemex gracias a que su hermana María de los Ángeles Mouriño Terrazo le cedió ‘poder general para pleitos y cobranzas, actos de administración y dominio’ (…) ante el notario público 2 de Champotón”, Campeche, de acuerdo con la nota de Enrique Méndez y Ciro Pérez Silva publicada ayer por La Jornada.
En una de las copias de ese contrato, se lee con toda claridad que lo firmaron “por una parte Pemex Refinación, representado por el ingeniero Jesús Villarreal Gallegos en su carácter de gerente de transporte terrestre, a quien en lo sucesivo se le dominará Pemex Refinación, y por la otra la empresa Transportes Especializados Ivancar SA de CV, representada por el sr. Juan Camilo Mouriño Terrazo en su carácter de apoderado general, a quien en lo sucesivo se le denominará el transportista”.
Frente a la elocuencia de esos documentos, Mouriño olvidó lo que había prometido semanas atrás, cuando al llegar a Gobernación afirmó que “no dialogaría” con López Obrador sino con el Congreso en torno a la privatización de Pemex. Sin embargo, anteayer, de visita en Los Cabos, Baja California Sur, donde atendía a representantes de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, en el contexto de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), se tragó sus palabras.
Pálido, frío, con ojos de piedra y sin escrúpulos de ninguna clase, el favorito de Los Pinos negó que hubiese cometido tráfico de influencias al amparo de sus cargos públicos, y ofreció entregar a las autoridades competentes (?) toda la información que tiene al respecto para que ésta emita “una opinión legal”. Eso, hay que repetirlo, sucedía el jueves. Pero Mouriño no contaba con que ayer, viernes, un segundo expediente lo señalaría como culpable de haberle entregado a la petrolera española Repsol, sin licitación pública de por medio, un contrato por 16 mil millones de dólares, para que ésta le venda gas natural, importado de Perú, a la Comisión Federal de Electricidad.
A la luz de tamañas denuncias, que pintan a Mouriño como un verdadero agente de los intereses ibéricos en México, y como un coyote de alcances ilimitados, empieza a entenderse con más claridad a qué obedeció la saña del linchamiento que los medios de comunicación, orquestados como de costumbre por la batuta de Bucareli, lanzaron desde el mismo domingo, y sostuvieron a lo largo de toda la semana, en contra de los seguidores de López Obrador, tras lo que ahora resulta ser un nuevo montaje, en esta ocasión protagonizado por Carlos Navarrete y un puñado de provocadores, para tender la enésima cortina de ruido sobre los asuntos que la derecha golpista no desea que la gente conozca.
Pero si las revelaciones de López Obrador confirman que detrás de la llamada “reforma energética” hay una escandalosa corrupción, en que sobresalen tanto el tráfico de influencias como la asociación delictuosa de funcionarios de alto nivel para privatizar Pemex, la pataleta, pésimamente escenificada por Navarrete y por el propio González Garza, y secundada por los diputados Juan N. Guerra y Francisco Sánchez Arreola, debilita otro segmento fundamental de la estrategia calderonista para la venta de la industria petrolera: la alianza del gobierno de facto con los chuchos.
Una cosa es una rechifla –expresión civilizada de repudio colectivo–, y otra muy distinta es la agresión física de unos montoneros a una persona indefensa. Sin embargo, pese que a González Garza se llevó tan sólo una sonora y prolongada rechifla en recompensa a su “patriótica” labor legistaliva, y Navarrete sufrió en cambio un reprobable acoso con violencia física, ambos dijeron en todos los medios que habían sido víctimas de un “ataque”.
A continuación, Juan Guerra –a quien mucho le ha complacido la designación del nuevo Luis Carlos Ugalde en el IFE– señaló al autor de esta columna y a otros escritores y dibujantes de La Jornada como instigadores de la rebelión de las masas antichuchistas, pero Sánchez Arreola fue aun más lejos al adelantar que presentaría ante la Procuraduría General de la República una denuncia penal contra un blog de la resistencia.
Entre tanto, González Garza y Ruth Zavaleta se dejaron agarrar los brazos y la espalda, insistentemente, al retratarse con Emilio Gamboa y César Camacho, la mañana del martes, entre sonrisas de júbilo, cuando aprobaron la ley Gestapo con leves modificaciones, poniéndose una vez más al servicio de los intereses de Calderón y traicionando a sus votantes, que no los eligieron para que respaldaran políticas de la derecha golpista.
Allá ellos, que optaron por separarse del movimiento de masas que los elevó al poder... Legislativo. A sólo 15 días de las elecciones en el PRD, que los chuchos ganarán mediante un fraude cocinado meses atrás, los caballos de Troya que Calderón incrustó en las filas de López Obrador, se reducirán a meros caballitos de feria, para entretenimiento y diversión de los curiosos.
Felipe Calderón ha iniciado de la peor manera posible su campaña hacia la privatización de la industria petrolera. La semana pasada, militantes de la resistencia civil pacífica obtuvieron, y colgaron en el portal de YouTube, un video de cinco minutos, hecho en Los Pinos, que pretende convencer al respetable público de que Pemex debe “asociarse” con empresas privadas extranjeras para explotar los ricos yacimientos de crudo que hay en el Golfo de México a 3 mil metros de profundidad.
En su entrega del sábado anterior, Desfiladero invitó a sus lectores a gozar de ese interesante material propagandístico. Hasta anoche unas 5 mil personas lo habían visto, después de teclear las palabras “spot Pemex”, en el buscador de YouTube. Y casi todos los comentarios que los espectadores han dejado en el foro adyacente rechazan la tesis oficial de que México no puede obtener la tecnología indispensable para extraer ese petróleo sin compartir las ganancias con intereses privados, como repite hasta el cansancio la voz del locutor.
Al día siguiente, domingo, en un mitin frente a la torre de Pemex, Andrés Manuel López Obrador puso en manos del diputado Javier González Garza un paquete de expedientes que documentan irrefutablemente las actividades ilícitas que el ahora secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, efectuó entre los años 2000 y 2003, primero como diputado federal panista y presidente de la Comisión de Energía –cuando Calderón coordinaba la fracción parlamentaria de AN– y luego como subsecretario de Energía, cuando el michoacano era titular de la dependencia.
Aprovechando sus cargos públicos, Mouriño firmó contratos con Pemex por más de 26 millones de pesos, para que su empresa, Transportes Especializados Ivancar, trasladara productos derivados del petróleo sobre las rutas Irapuato-Guadalajara, Rosarito-Mexicali, Ciudad Madero-San Luis Potosí y Gómez Palacio-Parral.
“Mouriño pudo firmar los tres contratos con Pemex gracias a que su hermana María de los Ángeles Mouriño Terrazo le cedió ‘poder general para pleitos y cobranzas, actos de administración y dominio’ (…) ante el notario público 2 de Champotón”, Campeche, de acuerdo con la nota de Enrique Méndez y Ciro Pérez Silva publicada ayer por La Jornada.
En una de las copias de ese contrato, se lee con toda claridad que lo firmaron “por una parte Pemex Refinación, representado por el ingeniero Jesús Villarreal Gallegos en su carácter de gerente de transporte terrestre, a quien en lo sucesivo se le dominará Pemex Refinación, y por la otra la empresa Transportes Especializados Ivancar SA de CV, representada por el sr. Juan Camilo Mouriño Terrazo en su carácter de apoderado general, a quien en lo sucesivo se le denominará el transportista”.
Frente a la elocuencia de esos documentos, Mouriño olvidó lo que había prometido semanas atrás, cuando al llegar a Gobernación afirmó que “no dialogaría” con López Obrador sino con el Congreso en torno a la privatización de Pemex. Sin embargo, anteayer, de visita en Los Cabos, Baja California Sur, donde atendía a representantes de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, en el contexto de la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), se tragó sus palabras.
Pálido, frío, con ojos de piedra y sin escrúpulos de ninguna clase, el favorito de Los Pinos negó que hubiese cometido tráfico de influencias al amparo de sus cargos públicos, y ofreció entregar a las autoridades competentes (?) toda la información que tiene al respecto para que ésta emita “una opinión legal”. Eso, hay que repetirlo, sucedía el jueves. Pero Mouriño no contaba con que ayer, viernes, un segundo expediente lo señalaría como culpable de haberle entregado a la petrolera española Repsol, sin licitación pública de por medio, un contrato por 16 mil millones de dólares, para que ésta le venda gas natural, importado de Perú, a la Comisión Federal de Electricidad.
A la luz de tamañas denuncias, que pintan a Mouriño como un verdadero agente de los intereses ibéricos en México, y como un coyote de alcances ilimitados, empieza a entenderse con más claridad a qué obedeció la saña del linchamiento que los medios de comunicación, orquestados como de costumbre por la batuta de Bucareli, lanzaron desde el mismo domingo, y sostuvieron a lo largo de toda la semana, en contra de los seguidores de López Obrador, tras lo que ahora resulta ser un nuevo montaje, en esta ocasión protagonizado por Carlos Navarrete y un puñado de provocadores, para tender la enésima cortina de ruido sobre los asuntos que la derecha golpista no desea que la gente conozca.
Pero si las revelaciones de López Obrador confirman que detrás de la llamada “reforma energética” hay una escandalosa corrupción, en que sobresalen tanto el tráfico de influencias como la asociación delictuosa de funcionarios de alto nivel para privatizar Pemex, la pataleta, pésimamente escenificada por Navarrete y por el propio González Garza, y secundada por los diputados Juan N. Guerra y Francisco Sánchez Arreola, debilita otro segmento fundamental de la estrategia calderonista para la venta de la industria petrolera: la alianza del gobierno de facto con los chuchos.
Una cosa es una rechifla –expresión civilizada de repudio colectivo–, y otra muy distinta es la agresión física de unos montoneros a una persona indefensa. Sin embargo, pese que a González Garza se llevó tan sólo una sonora y prolongada rechifla en recompensa a su “patriótica” labor legistaliva, y Navarrete sufrió en cambio un reprobable acoso con violencia física, ambos dijeron en todos los medios que habían sido víctimas de un “ataque”.
A continuación, Juan Guerra –a quien mucho le ha complacido la designación del nuevo Luis Carlos Ugalde en el IFE– señaló al autor de esta columna y a otros escritores y dibujantes de La Jornada como instigadores de la rebelión de las masas antichuchistas, pero Sánchez Arreola fue aun más lejos al adelantar que presentaría ante la Procuraduría General de la República una denuncia penal contra un blog de la resistencia.
Entre tanto, González Garza y Ruth Zavaleta se dejaron agarrar los brazos y la espalda, insistentemente, al retratarse con Emilio Gamboa y César Camacho, la mañana del martes, entre sonrisas de júbilo, cuando aprobaron la ley Gestapo con leves modificaciones, poniéndose una vez más al servicio de los intereses de Calderón y traicionando a sus votantes, que no los eligieron para que respaldaran políticas de la derecha golpista.
Allá ellos, que optaron por separarse del movimiento de masas que los elevó al poder... Legislativo. A sólo 15 días de las elecciones en el PRD, que los chuchos ganarán mediante un fraude cocinado meses atrás, los caballos de Troya que Calderón incrustó en las filas de López Obrador, se reducirán a meros caballitos de feria, para entretenimiento y diversión de los curiosos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

